lunes, 6 de junio de 2016

39 COLORES


Rojo pasión, negro azabache, azul turquesa, verde pistacho, gris marengo, amarillo limón, rosa chicle o rosa salmón, blanco roto o color crudo tirando a garbanzo… 

Somos curiosos a la hora de nombrar los colores pero no hay otra razón que la de poder identificar un color con algo que habitualmente conocemos y que otra persona te entienda. Ese es el lenguaje comunicativo del color que todo el mundo que no es diseñador utiliza. Si dijeras Pantone® 520c o Pantone® 200c no te entenderían, pero si dices violeta y rojo, sí hablarías el mismo idioma. Hasta aquí todo es entendible.

La historia, es que el ser humano tiene la capacidad de ver millones de colores pero en una gama de tonalidad de 39 colores, 1 de cada 4 personas puede distinguir esos 39 colores, curioso ¿verdad?, por lo que no todo el mundo aprecia los colores de igual forma y discutir por el tono de un color puede ser una batalla que quede en tablas, ambos están en lo cierto.

La influencia de un color en cada individuo es diferente, es diferente porque influyen factores como la cultura, religión o país donde vivas. No todos los colores significan los mismo en todos los lugares del mundo. Todas estas pequeñas reflexiones y anotaciones, si las trasladamos al mundo del diseño, al mundo creativo y la aplicación del color a los productos, y el porqué ese color y no otro, influye altamente a la hora de comprar un producto.

Si es cierto y no lo voy a negar, hay muchas personas que es algo que no le influye, les atrae otras características antes que el color pero en la gran mayoría si es un factor importante a la hora de compra.

Te voy a poner un ejemplo: simplemente el hecho de comprar un coche, a parte de las prestaciones que te pueden ofrecer por tantos miles de euros, siempre se llega a la última decisión importante, la elección del color.

- ‘¿De qué color te has comprado el coche?’ es una pregunta que todos sin darnos cuenta hacemos a todo aquel que ha adquirido un coche, como si el color diese más caballos al motor, pero sí elegiremos el color dependiendo primero de nuestra personalidad y gusto y, segundo, de la marca y modelo del coche. Si es deportivo, optaremos por rojo o negro, si queremos dar un toque de clase, sería azul marino metalizado, si queremos estar a la moda actual, elegiríamos blanco y si queremos salirnos un poco de lo habitual escogeríamos tonos metalizados nuevos como marrones metálicos, o granates o berenjenas oscuros.

He puesto este ejemplo porque es muy cercano a todos nosotros y muy entendible, pero quiero llevarte a que entiendas que cuando un producto está en un lineal de un supermercado, o de unos grandes almacenes o de una perfumería, el color que se elige para diseñar ese packaging no es un capricho.

Cada producto antes de llegar a su desarrollo final y diseño, pasa por una serie de investigaciones casi obligatorias.

1. A quién va dirigido.

2. Qué queremos transmitir… será un producto de gama baja, media, de gama alta?

3. Cuáles son sus competidores

4. Dónde se va a vender (países, puntos de venta).

5. Dónde va estar expuesto.

etc.

Para que un producto tenga éxito (al que ya se le presupone que tiene calidad) no puede ir con cualquier diseño, color o tipografía, pues un buen producto lo podemos convertir en algo mediocre si no le damos importancia a su imagen en su conjunto final. Hacer una gran inversión y quedarse en ‘un querer y no poder’ puede ser frustrante para la empresa que hace la inversión y sobre todo para la persona que lo tiene que vender y defender!.

Un producto de alta gama, en muy raras ocasiones te lo vas a encontrar en un packaging de baja calidad y su diseño no escatimará en detalles, tintas especiales, barnices, gramaje de la caja, serigrafías etc. Un producto de gama media podrás encontrar un buen diseño pero su packaging bajará en calidad, y un producto ‘low cost’ el diseño y el packaging será casi inexistente o muy genérico.

Para terminar me gustaría que vieseis un vídeo que ilustra bastante bien como un diseño tremendamente cuidado y minimalista, si pasa a manos de otro para su re-diseño donde este no cuida los detalles, la limpieza y el orden, el packaging llega a ser un caos. Espero que lo disfrute, es un ejemplo muy gráfico para entender la importancia de la imagen de producto.

Menos es más.




Lourdes Molina
‘Creativamente hablando’
Partner de Fusión Comunicación & Estrategia. Lab Marketing Sensorial

martes, 3 de mayo de 2016

¿QUÉ ES Y CÓMO SE PUEDE MEDIR LA EFICIENCIA DIRECTIVA?


Medir la eficiencia de los directivos se hace cada vez más necesario. Podemos diseñar la eficiencia de una organización como queramos o como creamos más conveniente, pero siempre la condición para hacerla eficiente pasará por la eficiencia directiva como la primera meta que debemos alcanzar, por eso cabe preguntarse, ¿qué es y cómo se puede medir la eficiencia directiva?

No todos los propietarios de empresas tienen establecidos sistemas para medir la eficiencia de los puestos de trabajo, y es menos habitual si cabe medir la eficiencia de los directivos o de los mandos intermedios en la organización, y normalmente cuando se mide, se suele hacer únicamente por los resultados y tiempo trabajado por el directivo.

Con frecuencia los propietarios de las empresas se fijan y se centran casi únicamente en las actividades a realizar, lo que acaba haciendo que los directivos actúen más como burócratas que como directivos eficientes. La mejor manera y más directa de medir la eficiencia directiva la encontramos en el grado en el que un directivo alcanza los resultados exigidos conforme a su puesto de trabajo y recursos disponibles, esto nos obliga a tener clara la definición de los resultados y lo que significan en relación a los recursos con que cuenta la empresa, ya que no siempre van a estar relacionados directamente con la producción.

Hay diversas clases de directivos, por ejemplo los hay que lo que hacen lo hacen bien, pero dejan sin atender una gran cantidad de los asuntos que les corresponderían. También hay directivos para los que el contenido de su bandeja de entrada de tareas es un sinónimo del alcance de su potencial aportación en la empresa y el tiempo lo identifican como el impedimento para aumentar su potencial de trabajo. Algunos otros piensan que su aportación a la empresa consiste en dirigir los asuntos indicando el rumbo ideal por encima de la realidad misma. Puede haber otros incluso que consideren que su puesto de trabajo es como un pivote de unión que conecta otras partes de la empresa, que eso les da una visión más amplia del campo de sus responsabilidades y que sin ellos nada funciona.

A menudo se denomina a la eficacia directiva como “el ratio entre los resultados obtenidos y los recursos comprometidos o utilizados para obtenerlos”. El problema de esta medida es que si coincide que tanto los resultados como los recursos son bajos, la eficiencia media según este criterio podría ser del 100%, de hecho podríamos llegar a tener en la empresa todo un departamento con una eficacia del 100% pero con una eficiencia del 0%.

Es necesario distinguir la eficiencia directiva de otras dos eficiencias muy frecuentes, veamos qué las caracteriza y qué las diferencia:

  • Eficiencia directiva. Este tipo de eficiencia no es un aspecto de la personalidad, sino que es algo que el directivo genera con su comportamiento adecuado en una determinada situación. En relación a sus directivos el propietario de una empresa tiene que pensar en términos de rendimiento y no de personalidad, no se trata tanto de lo que los directivos hacen sino de lo que logran con los recursos disponibles, eso diferencia la eficacia de la eficiencia.
  • Eficiencia aparente. Este tipo de eficiencia refleja el grado en el que un directivo se muestra eficiente hacia los demás, hace cosas que inducen a pensar que lo es, aunque no tienen porqué estar necesariamente unidas a la eficiencia directiva. Este tipo de directivos suelen ser puntuales por norma; responden con prontitud; toman decisiones rápidamente; son apreciados por los subordinados; son buenos comunicadores; son buenos relaciones públicas; escriben y se expresan con claridad. Es decir, a primera vista parecería que hay un alto nivel de eficiencia directiva, pero recordemos que lo que debemos valorar va más allá de la conducta, debemos valorar si dicha conducta es la apropiada o no para lograr los resultados exigidos para el puesto de trabajo concreto.
  • La eficiencia personal. Este tipo de eficiencia está relacionada con el logro de los propios objetivos personales, estos por ejemplo pueden ser mantener el empleo; conseguir una referencia profesional determinada; tener un despacho más grande; controlar un mayor presupuesto; sentirse bien y hacerse valer en los méritos y reconocimientos. Como se ve, todo esto gira en torno a la satisfacción personal en lugar de girar en torno a la cobertura de las necesidades de los mercados, de los clientes, del nivel competitivo de la empresa y de las necesidades de la organización.


A todos nos gusta hacer las cosas en nuestra manera y nos agrada parecer eficientes, el problema surge cuando cualquiera de estas eficiencias es confundida con la eficiencia directiva, sustituyendo a esta última. Los directivos eficaces suelen caracterizarse por hacer adecuadamente las cosas más que por hacer las cosas adecuadas, por resolver los problemas más que por generar acciones alternativas, por cuidar los recursos de la empresa más que por la utilización permanente de recursos y por eliminar tareas innecesarias e improductivas más que por obtener resultados a cualquier coste.

La eficiencia directiva se genera en función de la aplicación del estilo más adecuado a la situación que debe afrontar la empresa en un periodo o plan determinado. 



David Carrascosa Mendoza

El Método CLAVE® partner de Fusión Comunicación & Estrategia