lunes, 12 de septiembre de 2016

¿QUIÉN MANIPULA A QUIÉN? Por un marketing de respeto, menos invasivo y más eficaz

Pocas personas discreparían de lo que vemos cada día a nuestro alrededor: cambios y más cambios. Nuevos hábitos de comportamiento como consumidores, la tecnología al poder, más y más información, más expectativas e inmediatez. Una radiografía en constante evolución.

En medio de todo ello, suelo escuchar en no pocas ocasiones, un veredicto dictado sobre el marketing: El gran manipulador.

Y si el marketing es un manipulador, hemos de entender que ese concepto se extiende indirectamente a las empresas y a los profesionales que intentamos hacer marketing cada día. ¡Pues no puedo estar de acuerdo!

Que en los últimos años todos hemos visto supuestas acciones de marketing que se definirían mejor como “mentiras a todo color”, es una realidad. Pero que alguien utilice un martillo con fines violentos no debe entenderse como una nueva definición de qué es un martillo, anulando sus evidentes utilidades.

Por tanto, quizás haya que inventar una nueva palabra para hablar del marketing que no es marketing. Un “no marketing” que con burdas o elaboradas fórmulas, genera actuaciones que solo buscan invadirnos, confundirnos y manipularnos. Porque somos muchos los profesionales que seguimos creyendo que no todo vale. Y que el talento en el marketing viene de innovar en la comunicación, de conocer más y mejor a los consumidores, de adaptar mensajes y acciones al entorno cambiante que nos guste más o menos... ha venido para quedarse.

Para clarificar un poco este concepto, puede ser interesante recordar una acepción de la palabra manipular en el diccionario de la RAE:

Intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares.

Y si hablamos del mercado y más concretamente, de su protagonista y objeto del deseo, el cliente, defendamos un concepto mucho más exacto y conveniente: CONOCER:

Averiguar por el ejercicio de las facultades intelectuales la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas. Tener trato y comunicación con alguien.

Sí, conocer al cliente. Con mayúsculas. Ahí queda el reto para el futuro más inmediato de este oficio que a muchos nos sigue entusiasmando: hacer un buen marketing, conocer más y mejor al consumidor, satisfacer expectativas del cliente y hacerlo de forma rentable para la empresa.

Querer conseguir estos objetivos irrenunciables manipulando al cliente es, hoy por hoy, un camino equivocado, de corto recorrido y desde luego, no es marketing.

Y todavía, una razón más a favor del buen marketing:

Actualmente, la tecnología nos aporta herramientas no invasivas, respetuosas con el consumidor y que le permiten participar en el diseño de productos y servicios ganadores para todas las dos partes claves del marketing: compradores y vendedores.

La tecnología de seguimiento ocular (Eye Tracking), con dispositivos fijos y móviles, ha supuesto un paso adelante en los procesos de investigación de mercado. Ver a través de los ojos del comprador, en escenarios reales, fuera de un laboratorio, identificando sus áreas de interés, permite a cualquier empresa diseñar con mucha más efectividad sus mensajes, soportes gráficos, vídeos, webs, productos y servicios.

La combinación de los resultados del Eye Tracking con las mediciones (neurosensores) de la actividad cerebral vinculada a las emociones y estados de ánimo más habituales en el proceso de decisión de compra, se ha convertido en una fórmula de éxito para cada vez más empresas. Desde Fusión Comunicación queremos seguir haciendo nuestra aportación para que el concepto “manipulación del consumidor” sea sustituido, día a día, por el de “conocimiento y proximidad” al consumidor.

La neurociencia seguirá haciendo aportaciones de gran utilidad. El neuromarketing pondrá los conocimientos. ¿Y nosotros? De los profesionales del marketing se esperará que hagamos nuestra parte que, desde luego, no pasará por manipular nada ni a nadie. 

¡Manos a la obra!

Gabriel Carrascosa Mendoza
Aplicaciones de Neuromarketing - Eye Tracking.


lunes, 8 de agosto de 2016

OPERACIONES VINCULADAS: PEDRO Y GENARO

No es broma.  Con la nueva regulación de operaciones vinculadas es algo muy real.
Si prefiero el tono jocoso, es por la tensión, la tengo alta y me han recomendado prudencia. Nada de fútbol, ni tabaco, ni alcohol, ni tapas de callos... Bueno, vamos al grano.

Pedro había madrugado, la acequia daba problemas y no quería que le pillara el día sin haber regulado el riego de las zanahorias, que estaban últimamente bastante mustias.
Ya le venía pesado ir cada día a la huerta a vigilar las plantas, el mosto... Lo que quería era irse a hacer uno de esos cruceros que venía anunciados en la tele. Su mujer, Juana, tampoco ponía mala cara cuando veía el anuncio, así que... ¿porqué no?. Le propondría a su cuñado, Genaro, que le comprara su parte en la huerta.

Genaro, más joven y con más ganas, tal vez quisiera hacer un trato. Así que dicho y hecho: Socio, quiero verte. A las doce en la cantina. Allí estaré. Y a la doce en la cantina.
Mira, Genaro, que yo ya estoy mayor y me parece que tú no le harías mala cara a comprar mi parte en la huerta, que yo sé que tienes ambiciones europeas.

Genaro respondió ¿pero a qué precio?. Al que tu pongas, muchacho, un crucero por el Caribe no me lo pierdo. Además tu hermana está "mu trabajá" y se merece estar paseándose diez días en un barco de esos de los de la tele. Así que tú dirás.
Vale, pero yo estoy tieso. Lo voy a consultar con el asesor, a ver si hay forma.

Días después: Pedro, que dice el asesor que se puede hacer, que la misma sociedad compra tu parte pero que como es una sociedad, que ...¡ojo! que esto es una operación vinculada, así que "mucho cuidao". Que el precio no lo ponemos nosotros, que debe hacerse a "valor de mercao".

¿Valor de mercao? ¿El de las zanahorias?
Sí, y que debemos buscar los "comparables externos". Que si no hacemos el análisis de comparabilidad se nos puede caer el pelo, porque debemos respetar el principio de libre concurrencia.

Pero, ¡qué principio ni que leches! ¡Qué yo no te puedo vender mi parte en la huerta! Pero, ¿no es mía?

Sí, hombre, no me seas rústico, que eres poco "desarrollao". Te explico. ¡Se puede hacer! Sólo que hay que cumplir ciertos requisitos.
Tienes que facilitarme las magnitudes, porcentajes, ratios, tipos de interés aplicables a los descuentos de flujos, expectativas y demás valores empleados en la determinación del valor, porque la operación consiste en la transmisión de valores representativos de la participación en los fondos propios de una sociedad no admitidos a negociación en alguno de los mercados regulados de valores definidos en la Directiva/2009/39/CE. ¿Te enteras?

A Pedro empezó a temblarle el labio, claro signo de que algo gordo venía de camino.
Mira, Genaro, siempre me has parecido algo raro, pero no te permito que hables de mis flujos, son tan buenos como el primero y, por tanto, de descuentos ¡nada de nada! ¿Sabes de qué hablo? ¡Juana se queda sin crucero, pero yo, no te vendo la huerta!

Y así nos va. Se fastidian las zanahorias, los bancos, las eléctricas, de las Cajas mejor ni hablamos, pero... los comparables externos van como el tranvía de Sevilla, que se salen.

Rubén Candela Ramos
Auditor - Economista